Ser Más Consciente De Uno Mismo


Suele ser más fácil juzgar el carácter de las personas que nos rodean, que juzgar el carácter propio. Esto nos puede hacer ignorar la importancia de ser conscientes de nosotros mismos, y por ende, terminamos ignorando los beneficios de actuar con conciencia.

¿Cómo ser consciente de uno mismo? La forma más directa de incrementar el ser consciente de uno mismo puede ser tan fácil como emplear una mayor introspección, es decir, tener reflexiones a solas sobre nuestros comportamientos y actitudes, hasta el punto de convertirlo en un hábito.

También existen otras formas, y cada una dependerá del enfoque que seleccionemos. La introspección es una herramienta de la psicología, cuyos tecnicismos podremos explorar más adelante, pero no dejaremos de lado otros métodos ciertamente más longevos, como lo es la meditación. ¡Vamos allá!

Ser consciente de uno mismo.

Ser consciente de uno mismo es la capacidad de darnos cuenta de nuestros pensamientos, emociones y acciones, de cómo nos impactan a nosotros mismo y a todos a nuestro alrededor. Si somos conscientes, podemos evaluarnos objetivamente, controlar nuestras emociones y alinear nuestros comportamientos con los resultados que deseamos conseguir.

En este artículo exploraremos como ser consciente de uno mismo, tanto cómo lo que pensamos como lo que sentimos.

Tenemos más de 60 mil pensamientos diarios, sería extenuante ser cien por ciento conscientes de cada uno de ellos, sin embargo, debemos ser consciente nuestros patrones de pensamientos.

En lo que pensamos la mayor parte del tiempo y preguntarnos si son pensamientos constructivos, si nos auto criticamos demasiado, si tenemos pensamientos optimistas o pesimistas, etc.

Para a partir de ese autoconocimiento, conseguir mejorar.

Lo segundo que exploraremos es ser conscientes de nuestras emociones y el concepto de inteligencia emocional.

Ser consciente de tus emociones te permitirá controlarlas a tal punto que puedas dirigirlas para conseguir lo que quieres y no dejarte llevar por ellas.

Por último exploraremos la meditación como una herramienta útil y efectiva para ser más conscientes de nosotros mismos.

Además de explicar los conceptos básicos, aprenderás a aplicarlos a tu propia vida, junto con ejemplos para un mayor entendimiento y aplicación de esta información.

Una información que todo el mundo debería saber.

Ser consciente de nuestros pensamientos. Metacognición.

La psicología, como esfuerzo científico para recabar conocimiento respecto a la mente humana, ha desarrollado una cantidad increíble de técnicas y terapias para todo tipo de casos, leves y graves, de malestar emocional y psíquico.

Algunas de las técnicas más importantes de todo el campo psicológico son las técnicas cognitivo-conductuales.

Básicamente, estas herramientas se concentran en desafiar directamente las alteraciones que estén obstaculizando el diario vivir de una persona, es decir, aquellos pensamientos, creencias y actitudes que estén ejerciendo una influencia y efecto negativos sobre su vida en distintas áreas.

Usadas ampliamente para tratar la ansiedad, las técnicas cognitivo-conductuales generan resultados evidenciables en la mejora de la regulación emocional.

Esto nos lleva a uno de sus conceptos clave, que si aplicamos nos ayudará a alcanzar un mejor nivel de conciencia: la meta-cognición.

Esta habilidad psicológica es de gran ayuda a la hora de regular nuestros pensamientos y nuestras conductas.

Podríamos resumir la fórmula de qué es la metacognición como el estar consciente de nuestra consciencia. Se trata de que pensemos exactamente en nuestros pensamientos; de que sepamos exactamente qué sabemos.

Es un tipo de proceso mental en el que nos posicionamos en la cima de la fábrica de nuestra mente, para observar desde arriba todo lo que está ocurriendo abajo.

Todos los pensamientos que nos llegan y que procesamos, todo el conocimiento que obtenemos, todas las conductas que ya hemos adaptado y que estamos adaptando en tiempo real para una situación determinada.

¿Suena un poco complicado? ¡No te preocupes! No es fácil de buenas a primeras. De hecho, no podemos esperar que seamos capaces de observar realmente todo lo que sucede en nuestras cabezas (que, dicho sea de paso, es muchísimo).

¿Cómo ser más consciente de nuestros pensamientos?

La idea básica es que hagamos un esfuerzo, pequeño al principio, de reflexionar sobre qué pensamos sobre una situación, cómo nos sentimos respecto a ella, cómo estamos actuando de acuerdo a ella, y, en base a toda esta reflexión, determinar cuáles son las mejores actitudes que podemos adoptar, que nos sean más efectivas.

En ocasiones, es normal que ni siquiera tengamos que esmerarnos en llegar a una conclusión y a un meticuloso plan de estrategia.

Con solo observar con un poco más de cuidado lo que hemos estado pensando, haciendo y diciendo, entonces obtendremos una conciencia de nosotros mismos mayor a la que íbamos teniendo antes, y esto se traducirá automáticamente en un mejor desenvolvimiento en el día a día, una vez se convierta en hábito.

La buena práctica de la metacognición nos otorgará a su vez tres tipos de habilidades importantísimas para ser consciente de nosotros mismos:

  • Planeación.
  • Monitoreo.
  • Evaluación.

La planeación se refiere a la capacidad para seleccionar las estrategias apropiadas para una situación en específico.

El monitoreo, por otro lado, se trata de la habilidad para poder observar el rendimiento de estás estrategias y realizar modificaciones donde y cuando sea necesario.

Mientras que la evaluación será el último paso del proceso metacognitivo, donde analizamos nuestro rendimiento y eficiencia, lo cual nos permitirá mejorar cada vez más en el futuro.

Aunque la meta-cognición parezca algo demasiado técnico y concerniente solamente a la solución de problemas, hay que verla con una perspectiva global para poder apreciar genuinamente lo que nos puede ofrecer.

Solamente como hábito, la metacognición nos ayuda a observar aquellos momentos donde nos equivocamos, donde tratamos a otros de manera incorrecta, y a identificar cuáles son exactamente esas actitudes y hábitos que se interponen en el camino de nuestra felicidad, muchas veces sin darnos cuenta debido a una falta de autoconciencia.

Dos artículos adicionales que te ayudarán a aumentar el conocimiento sobre el pensamientos son:

El poder del pensamiento y cómo se relacionan con tus resultados.Opens in a new tab.

Te conviertes en lo que piensas. Aprende a elegirOpens in a new tab. Opens in a new tab.tus pensamientos sabiamente.Opens in a new tab.

Ser consciente de nuestras emociones. Inteligencia emocional.

A pesar de que podamos usar la técnica anterior para administrar tanto nuestros pensamientos y conductas como nuestras emociones, también existe un concepto psicológico que encapsula específicamente lo segundo, y éste es la inteligencia emocional. 

En cierto sentido el nombre es un oxímoron, es decir, una combinación entre dos palabras de sentido opuesto. La inteligencia es lo que representa al hombre racional, y superficialmente hablando, no se supone que el razonamiento intelectual sea influenciado por las emociones humanas, que no se basan en la razón.

Y aun así, estaríamos equivocados en aferrarnos a esta perspectiva, aunque pueda ser interpretada como científica o –valga la redundancia– racional, ya que estaríamos ignorando la posibilidad evidenciable de que la dimensión intelectual y la emocional conviven y se turnan en tomar el mando, dependiendo de la capacidad introspectiva de la persona.

La inteligencia emocional se define como la habilidad para observar perspicazmente tanto nuestras emociones como las emociones ajenas, para categorizarlas debidamente, y en base a esto, utilizar la información recabada por observación para direccionar nuestro desenvolvimiento, para modificar la forma en que pensamos sobre algo y la forma en que actuamos respecto a algo.

Lo que nos otorga la inteligencia emocional es una mayor autonomía sobre nuestras respuestas emocionales.

Esto significa que si tienes una buena inteligencia emocional, no reaccionarías de manera excesiva emocionalmente ante la noticia de que te han despedido del trabajo, o de que tu importante vuelo internacional ha sido retrasado, o algún obstáculo que se haya presentado de improviso en el día de tu boda.

Una mayor conciencia de nuestras emociones, del patrón de nuestras respuestas emocionales, y de cuáles son exactamente las emociones que estamos sintiendo, hará de nosotros las personas ideales a la hora de afrontar desafíos laborales, malas noticias y pronósticos, desamores, y cualquier otro conflicto que nos afecte emocionalmente, dependiendo claro de su nivel de gravedad en relación con nuestro nivel de inteligencia emocional.

¡Pero no creas que esto te hace infalible!

¿Qué significa realmente ser más consciente de tus emociones?

Es fácil dejarse llevar y creer que si se cultiva una alta inteligencia emocional entonces seremos “inmunes” a las emociones y a los problemas que nos saquen en cara los demás. Nada más lejos de la realidad.

El ser inteligente emocionalmente no significa que te conviertes en una especie de robot que selecciona cuál emoción quiere sentir y cuál no. Si tu pareja rompe contigo, la realidad es que tú no puedes encargarte de seleccionar tu respuesta emocional.

Lo que la inteligencia emocional hace es que comprendas y aceptes las emociones que florecen en ti a partir de una situación, que tengas la capacidad de afrontarlas, observarlas y nombrarlas.

Seguirás sintiendote mal, de eso no hay duda, pero sabrás manejar el nivel de intensidad con el que se manifiesten fuera de tí, esto es, el nivel con el que influyen en tu comportamiento.

Con la inteligencia emocional, entenderás qué estás sintiendo y por qué lo estás sintiendo, serás consciente de tus emociones, y sabrás determinar en qué momento debes permitirte expresarlas y en qué momento debes esforzarte en mantenerlas lejos de sabotearte.

¿Cómo ser más consciente de tus emociones y ser más inteligente emocionalmente?

Por ejemplo, si la noticia de que tu pareja ha roto contigo te llegara por medio de un mensaje mientras te encuentras en un muy importante día de trabajo donde debes dar el mejor tipo de atención a un cliente vital para la compañía, ahí la inteligencia emocional sería muy útil.

Sí, es cierto que sentirías toda una mezcla de tristeza, ira y desesperación, además de un shock en tu sistema emocional, pero con la inteligencia emocional serías capaz de no desmoronarte en el acto, sino que trazarías un plan de acción en ese mismo momento. 

Aquí es donde tienes que usar tu inteligencia emocional.

En este ejemplo, con inteligencia emocional, no suprimirías totalmente tus emociones de una forma inhumana, más sí podrías saber, por experiencias previas con situaciones emocionales de menor intensidad, que te convendría ir un momento al baño para tomar unos respiros a solas, tal vez dejar caer unas lágrimas, pero inmediatamente luego te refrescarías con agua, te arreglarías nuevamente.

Te dirías a ti mismo que al llegar a casa lidiarás con el problema y dejarás fluir sin ningún filtro tus emociones, pero hasta ese momento, lo que la vida necesita de tí, es que te desempeñes correctamente dentro de tu trabajo.

Aquí hay un concepto clave que no se debe olvidar: el flujo de las emociones o, lo que es lo mismo, la externalización. La inteligencia emocional no implica oprimir lo que sientes, encerrarlo en un cofre y nunca más abrirlo.

Lo que implica realmente, en su forma correcta, es que puedas elegir un momento para mantenerlas controladas sin alterar tu rendimiento, y un momento en el que puedas dejarlas salir y lidiar con ellas dentro de tu privacidad.

Visita la guía definitiva sobre la inteligencia emocional.Opens in a new tab.

La meditación cómo herramienta para ser más conscientes de uno mismo.

Hemos manejado dos conceptos psicológicos sobre la autoconciencia que, puestos en práctica, nos ayudan a observar con mayor claridad nuestros pensamientos, acciones y emociones.

Sin embargo, la única vía para ser consciente de nosotros mismos, no tiene que necesariamente consistir en monitorear constantemente nuestra corriente de conciencia, evaluándola y modificándola infinita cantidad de veces.

A veces, lo que necesitamos para una mejor autoconciencia puede ser muy simple, y puede ser una práctica enseñada desde tiempos inmemoriales la meditación.

Ciertamente, podríamos considerar toda la variedad de definiciones ancladas a la palabra “meditación”, que muchas veces funciona como sinónimo de “reflexión” o simplemente de “pensar”, y nos encontraríamos con un campo incluso más grande de terminologías si incluyésemos además la diversidad de culturas y religiones que manejan estilos específicos de meditación, donde tendríamos que lidiar entonces con la sinonimia que ésta tendría con palabras y conceptos como “oración” y “ritual”.

Por ende, para ahorrarnos tal esfuerzo semántico, es mucho más práctico centrarnos en la misma cuestión que hemos estado respondiendo hasta ahora, reformulándola en torno a la práctica meditativa (que, a continuación, delimitaremos conceptualmente de manera simple).

Comencemos definiendo meditación como un acto físico, en primera instancia, que consiste en la relajación del cuerpo a través de la respiración controlada, realizada por la persona practicante en un lugar silencioso en una posición que le resulte cómoda, a medida que concentra su mente en desligarse de los pensamientos emergentes durante el tiempo de práctica, dejando ir cada pensamiento o cadena de palabras.

Esta es una conceptualización amplia, simple y secular que cualquier persona puede seguir por su cuenta o guiada por un instructor.

Algunos podrían terminar pensando que se están encontrando con una especie de paradoja, pues si estamos concentrándonos en dejar que pase cualquier pensamiento que llegue sin darle ninguna importancia.

¿Cómo se vincula la meditación a la metacognición y a la inteligencia emocional?

La idea detrás de utilizar la meditación para ampliar la auto-conciencia se divide de dos maneras:

Por un lado, la meditación como técnica que incluye la relajación y la respiración nos ayuda a invocar y mantener una sensación de balance y fluidez en toda clase de situaciones de distintos niveles de intensidad, atribuida en parte a la oxigenación del cerebro y al libre flujo de aire a través de los pulmones.

Por otro lado, la meditación es una técnica que tiene más que ver con un nivel de profundidad de conciencia (en al menos un enfoque conceptual) mayor al del monitoreo-evaluación de pensamientos y emociones, donde se marca una línea divisoria entre el diario vivir y el mundo interno de una persona.

Exploremos ambas perspectivas.

La meditación como técnica o práctica, esencialmente nos ayuda a cultivar el buen hábito de respirar y mantener controlado el ritmo cardíaco.

Esto quiere decir que las bases de la técnica pueden utilizarse fuera de la meditación profunda en privado y en silencio, aplicándose en infinidad de escenarios, sin importar que estos ya sean tranquilos (ayudándonos así a apreciar la paz del momento, a saborearlo) o sean estresantes.

Si la meditación es genuinamente un hábito practicado por una persona, entonces recordará eventualmente, múltiples veces durante el día, que le conviene tomar unas inhalaciones profundas de aire y despejar su mente, esté o no en una situación de alto estrés.

A la hora de ser más conscientes de lo que pensamos, hacemos y sentimos, una mente clara y un cerebro oxigenado son requisitos altamente necesarios.

Desde la otra perspectiva, donde vemos a la meditación como una herramienta que nos hace bajar a un nivel de conciencia más profundo, se pierde un poco la pragmática de la evaluación y modificación de conductas y emociones, para adentrarse en la capacidad del ser humano para estar dentro de su mundo psíquico interno.

Ciertamente se escapa un poco del enfoque plenamente psicológico, y es la misma razón por la cual es una perspectiva que engloba las prácticas religiosas y culturales de distintas regiones del mundo.

Sin embargo, sería ingenuo ignorar los beneficios que la práctica meditativa profunda puede tener en la psiquis de una persona que la realice constantemente, pues de alguna forma u otra se traduciría en mejor concientización, mejor habilidad para afrontar situaciones, mejor capacidad de improvisación y mejor control de los niveles de ansiedad y estrés.

Asimismo, si la persona es religiosa, muy probablemente tendrá una influencia en sus creencias, vinculadas íntimamente con su bienestar psicológico.

Aplicando los conceptos para ser más conscientes de nosotros mismos.

Si repasamos los conceptos explorados, podremos ver que el realizar un esfuerzo (que debe de ser progresivo, es decir, ir de menor a mayor grado de esfuerzo) en observar desde una perspectiva más alta los pensamientos que nos llegan, los comportamientos que ponemos en acción y las emociones que surgen a través de todos éstos.

Iremos poco a poco obteniendo mayor consciencia de nosotros mismos, de quiénes somos, de cómo nos comportamos, de cómo reaccionamos emocionalmente, y por ende, obtendremos un conocimiento de nuestro propio ser que nos ayudará a sobrellevar y vivir a través de experiencias futuras.

Esto tiene una repercusión beneficiosa dentro de nuestro mundo emocional, siempre y cuando tengamos claro que aunque no debemos suprimir lo que sentimos (entendiendo que toda emoción y todo sentimiento es de naturaleza humana, y como humanos, debemos aceptarlos).

Sí podemos administrar con buena autoconciencia, con buen autoconocimiento y buena auto-evaluación, estas respuestas emocionales, viviéndolas con intensidad en los momentos que sean oportunos, pero afrontándolas también con una responsabilidad adulta y consciente.

Asimismo, siempre existe más conocimiento en todos aquellos rincones que no hemos pensado en esclarecer.

Es importante mantenerse en la búsqueda de la sabiduría, que nos podría llevar a distintos niveles de conciencia, sorprendiéndonos con que no es suficiente estar conscientes de nosotros mismos, sino también del nivel subconsciente de nuestras mentes, y del nivel de conciencia respecto a las personas que nos rodean.

En definitiva, siempre será una grata ayuda recordar esto:

  • Hacer pausa.
  • Respirar profundamente.
  • Observar lo que estamos haciendo. Ser consciente.
  • Continuar.

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