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Reconocer El Pasado Puede Ayudarnos En La Vida


Sin una guía específica la vida se vuelve a veces muy complicada, llena de situaciones difíciles de transitar. Y para estas situaciones, he descubierto sobre los beneficios que las experiencias pasadas (positivas y negativas) pueden ofrecer para impulsarnos en la vida.

Así que, ¿cómo es que reconocer el pasado puede ayudarnos en la vida? Básicamente, a través de la reflexión de nuestras experiencias podemos quitarles el poder negativo que puedan estar ejerciendo sobre nosotros, como el miedo a volver a fracasar. De esta forma se vuelve posible dejar ir estos miedos y quedarnos únicamente con las lecciones aprendidas en el pasado.

Siguiendo estos puntos clave, se nos facilita definir las distintas maneras en se puede utilizar el pasado como una suerte de trampolín para nuestra confianza. La meta principal es entender que si observamos el pasado con una perspectiva positiva, podemos armarnos de una confianza que será resistente ante los desafíos del presente y del futuro.

Reconocer el pasado te enseña tu tolerancia a la frustración.

Una de las lecciones más importantes que podemos extraer de nuestras experiencias pasadas es hasta qué punto podemos tolerar las circunstancias en las que nos encontramos.

Por ejemplo, si ya has pasado por la extenuante experiencia de un parto, al rememorar esta experiencia y reflexionar sobre ella, podrás darte cuenta que tu tolerancia a la frustración fue desafiada y que quedó una marca indicando hasta qué nivel puedes llegar en soportar una situación estresante.

Definiendo la baja tolerancia a la frustración como la incapacidad para tolerar sensaciones desagradables y situaciones estresantes, resulta evidente que si existe una forma para elevar nuestra capacidad de tolerancia es solamente a través de experiencias que nos pongan a prueba. 

Esto no significa que vivir situaciones estresantes sea algo bueno y necesario per sé, sino que nos da a entender que aunque sea difícil caminar a través de estos desafíos, podemos aprender que somos capaces de tolerar la presión emocional que recae sobre nosotros.

Esto se trata de una herramienta increíblemente útil para futuros desafíos.

Si nuestra tolerancia a la frustración es baja (lo cual es solo natural, nada por lo cual preocuparse en un principio), y encima de ello no logramos entrar en conciencia de que hemos sobrellevado eficazmente situaciones previas en nuestro pasado que pusieron a prueba dicha tolerancia.

Entonces nos mantendremos en un estado inerte sin crecimiento interno alguno, donde continuaremos reaccionando de la misma forma a situaciones que sean igual de frustrantes, o incluso menos frustrantes, sólo que esta disminución en el nivel de intensidad no la detectaríamos.

Al no haber previamente reflexionado y comparado las situaciones pasadas con las situaciones actuales de nuestra vida.

La baja tolerancia a la frustración constituye según los psicólogos un componente prevalente en las creencias irracionales, las cuales pueden dar paso a problemas emocionales y de conducta.

Debido a una tendencia natural en la raza humana para evadir el dolor y buscar el placer, se ignora el hecho de que aún si evadimos una situación, esta podría volver de forma problemática más adelante.

La cuestión con las creencias irracionales es que hasta no vivir una experiencia (si se quiere, podemos volver al ejemplo del parto), algunos somos invadidos por toda clase de pensamientos negativos, mientras que la imaginación produce escenarios catastróficos sin bases sólidas en la realidad, viniendo de ahí la palabra irracional.

Solo al vivir una experiencia se disipan estos pensamientos, pero al mismo tiempo se debe tener cautela y una constante introspección y meditación que nos recuerde la capacidad que no sabíamos que teníamos para afrontar problemas.

Si olvidamos nuestro desenvolvimiento a la hora de una situación crítica, volvemos al primer escalón, y creemos irracionalmente que no podremos sobrevivir lo que se viene.

Aquí es obvio cómo la mente humana se vuelve dramática, pues utilizamos palabras como “sobrevivir” aplicadas a situaciones que no ponen nuestras vidas en riesgo.

Recordando aquello por lo que hemos pasado, reconoceremos nuestro nivel de tolerancia a la frustración, nuestra capacidad para sobrellevar una situación, y como resultado afrontaremos la vida con confianza.

Reconocer el pasado mejora la habilidad de auto-reflexión e incremento de la auto-confianza.

Una vez valoremos nuestras experiencias pasadas, mejorará poco a poco nuestra auto-reflexión, convirtiéndose en un muy buen hábito para analizar y direccionar nuestra energía mental.

La auto-reflexión es una herramienta que muy pocas personas usan, y si tú ya la has utilizado, entonces eres parte de un porcentaje bajo de la población.

La reflexión que los seres humanos solemos poner en práctica va direccionada mayormente a lo que está fuera de nosotros, a las situaciones externas y a las actitudes y conductas de las personas que nos rodean o que estuvieron presentes en una determinada situación.

La reflexión hacia afuera es más fácil de realizar e incluso más natural, pues se suele buscar la causa de algo induciendo desde lo particular a lo general, es decir, partiendo desde un punto individual a un todo, donde terminamos incluyendo el contexto, elementos como lugar, fecha y hora, y a las personas envueltas en la situación.

Por ejemplo, si preparamos una fiesta de cumpleaños sorpresa para alguien y las cosas no salen como habíamos planeado, buscaremos automáticamente las causas en todos los lugares menos en nosotros mismos.

Por esto, la auto-reflexión es una técnica que nos vuelve más humildes y requiere que reconozcamos la imperfección que nos define como humanos.

Esto puede resultar muy difícil al principio, pero mediante la repetición se convierte en un hábito al que podremos recurrir con facilidad, obteniendo a partir de la reflexión mucho más de lo que esperamos.

Siguiendo con el ejemplo de la fiesta sorpresa, si acudiéramos a la auto-reflexión, analizaríamos cada una de las cosas que formaron parte de nuestra responsabilidad en esa situación en específico, y probablemente conseguiríamos un aspecto de nuestro desenvolvimiento que pudimos haber hecho mejor, pero cuya concientización habíamos evadido sin querer al no tener el hábito de mirar hacia dentro.

Por ejemplo, tal vez no habíamos certificado bien a qué hora llegaría el cumpleañero, o no habíamos pensado con detenimiento cuál podría ser su sabor de torta preferido. 

Es fácil, por otro lado, distorsionar la situación y direccionar la culpa de algún error a otra persona. Mediante la auto-reflexión podemos también detenernos y pensar con cuidado la gravedad de señalar con el dedo a los otros.

Si nos ofrecemos a nosotros mismos el tiempo y el espacio para observar cuidadosamente, en paz mental, todos estos aspectos de la situación, será muy fácil ver con empatía a la otra persona, ponernos en su lugar, y concluir que se pudo haber tratado de un simple error humano donde nadie es culpable necesariamente, o que cualquier otra persona pudiera haber tomado exactamente la misma decisión. 

Al darnos cuenta de estos detalles minuciosos en situaciones de conflicto, nos beneficiamos de una mayor paz mental, lo cual no sólo hará más fácil nuestro presente y futuro, sino que además nos ayudará a cosechar muchos más frutos de lo que habíamos hecho en el pasado.

Reconocer el pasado te ayuda a aprender sobre tu capacidad de adaptación.

A medida que acumulemos experiencias significativas en distintos escenarios estresantes, podremos ir aprendiendo que la capacidad para adaptarnos es de una importancia monumental.

Neurológicamente (y simplificando lo más posible su terminología) se habla de la plasticidad cerebral como la habilidad del cerebro para modificarse a través del tiempo, cambiando entre otras cosas la intensidad en la transmisión de las señales entre neuronas.

Esto mismo debemos hacer entre nuestra actitud y las situaciones de vida que nos exijan de una forma impredecible.

Es también vital recordar que lo que hayamos aprendido en un escenario específico siempre es aplicable a otro escenario que, a primera impresión, no parece nada similar al anterior. Este conocimiento extrapolado puede ser algo muy especializado.

Por ejemplo, tomar lo que aprendiste en un trabajo campestre durante tu niñez donde era necesario acumular el material para las fogatas, sembrar en ciertas temporadas para cosechar en otras, despertarse en la madrugada para el ordeñamiento, etc.; y entonces aplicarlo en tu rol como manager de una pequeña empresa.

Donde diriges una recopilación de información que debe ser organizada en categorías, creas relaciones de trabajo dentro y fuera de tu empresa que te ayudarán en el futuro, y sigues con rigor un horario que no necesariamente te deje sin fuerzas, sino que sea funcional y productivo para ti y para tus empleados.

En otras palabras, te adaptas a una nueva situación en base a tu experiencia pasada con una situación diferente. 

Esta es una estrategia utilizada por varios pensadores exitosos, entre ellos el japonés Jigoro Kano, fundador del arte marcial del Judo.

El Sr. Kano empezó concentrándose totalmente en la mejora de técnicas antiguas de artes marciales para derribar y someter al oponente, estudiando cuidadosamente el juego de gravedad y fuerza aplicado entre dos peleadores.

A partir de estas conclusiones estructuró su arte del Judo, con bases tan fuertes y específicas, que empezó a utilizarlas sin mucha modificación en otras áreas de su vida. 

Específicamente, llevó estos principios marciales a su labor como docente de escuela, ya habiendo observado los beneficios que estaban teniendo en su propia vida personal.

Así, todo su sistema de educación abarcaba tanto técnicas de Judo como técnicas de enseñanza formal, aplicando principios generales de:

  • Mínimo esfuerzo, máximo beneficio.
  • Bienestar mutuo.
  • Utilización de la fuerza del oponente en su contra.

Reconocer el pasado permite la eliminación de distracciones y reconocimiento de debilidades.

Continuemos con el ejemplo de la adaptación aplicada por las artes marciales de Jigoro Kano al sistema educativo y a su vida personal.

La filosofía central de su Judo (que, por cierto, es un nombre que se puede traducir como “el camino gentil”) buscaba siempre el utilizar únicamente la cantidad de energía necesaria para una situación determinada.

Buscaba, pues, nunca perder más energía de la que se suponía que debía utilizar para neutralizar un problema.

En conjunto con esto, la gentileza (“ju”) es aplicada en todas las dimensiones posibles,  y lo que significa esto (tal y como podemos hacer nosotros adaptando estos conceptos para nuestros ideales) es que debemos fluir junto a la situación, observando e improvisando en el momento, respirando profundamente, y reconocer que, así como lo establece el Judo, sólo podemos hacer aquello que podamos hacer al respecto.

Es decir, debemos reconocer nuestros límites y hacer todo lo que podamos dentro de ellos (para lo cual será muy útil el tener una buena tolerancia a la frustración).

Este conocimiento filosófico puede derivarse en dos puntos finales:

  • La eliminación de las distracciones
  • El reconocimiento de nuestras debilidades.

Una vez sabemos que debemos utilizar sólo la cantidad de energía necesaria para obtener el máximo beneficio posible de una situación, las distracciones son eliminadas automáticamente, al menos en su mayor parte.

En teoría, si nos limitamos sólo a lo que podemos hacer, entonces se bloquearán todos aquellos pensamientos que podrían distraernos, en su mayoría irracionales y de catástrofe (por ejemplo, en una fiesta donde ocurre un accidente y, a pesar de que no eres médico o enfermero, sí tienes la habilidad para intentar tranquilizar a las personas nerviosas y el pánico general).

En práctica, si esto no es suficiente para bloquearlos, requerirá que nos conozcamos bien a nosotros mismos a partir de las experiencias pasadas y reconozcamos que se tratan sólo de pensamientos irracionales que salen a la superficie por estar en un momento de estrés.

Estarás ahorrando energía mental preciada.

Por otro lado, el punto siguiente al que podremos llegar al no malgastar nuestra energía, es el reconocer aquello para lo cual no estamos hechos.

Esto no significa que no podamos mejorar en estos aspectos (siguiendo el ejemplo anterior, siempre podremos recurrir a un curso de primeros auxilios que nos prepare mejor para situaciones futuras similares), sino que nos confiere una humildad objetiva y necesaria que nos ayudará a mantener controlada nuestra ansiedad y frustración respecto a un desafío o conflicto.

No solo nos salvará de cometer algún error honesto que empeore las cosas (lo opuesto ideal a esto es que tomemos decisiones arriesgadas con cautela y midiendo los pros y contras), sino que además nos otorgará una paz mental en extremo útil durante el estrés y la incertidumbre.

Ya que al reconocer nuestras debilidades y continuar manteniendo nuestra autoestima, realizamos un ejercicio de aceptación de lo que somos, sin perturbar nuestra capacidad para alcanzar nuestro máximo potencial humano. 

Resumen de conceptos clave y algunas consideraciones.

Repasemos los conceptos a los que hemos recurrido para que nuestro reconocimiento del pasado pueda ayudarnos en la vida.

Comenzando con la tolerancia a la frustración, ésta se trata de una habilidad de carácter psicológico que podemos mejorar con el tiempo y con las experiencias vividas, que nos permitirá resistir el estrés de situaciones nuevas o que nos desafíen de maneras inesperadas.

Una persona con una alta tolerancia a la frustración tendrá una capacidad elevada para desenvolverse en escenarios que no había podido prever.

Lo que se necesita para cosechar el pasado positivamente es una auto-reflexión, es decir, el observar cómo fueron nuestras acciones y pensamientos ayer, y cómo afectaron positiva o negativamente una situación.

La auto-reflexión se convertirá así en hábito que nos ayudará a llevar nota de qué nos funciona y qué no, llegando a conocernos cada vez mejor a nosotros mismos.

La auto-reflexión da entonces paso a la auto-confianza.

Sabemos para lo que estamos listos y sabemos hasta qué punto hemos llegado, así que llevamos esta experiencia como una armadura de confianza, sin llegar nunca a la sobrevaloración de nuestras habilidades, pues siempre habrá áreas que mejorar, y esto es algo que la auto-reflexión se mantendrá recordándonos.

Mientras más experiencias pasadas tengamos, y mientras más diversas sean, podremos adaptarnos con mayor facilidad y efectividad a situaciones previamente desconocidas.

No sólo podemos aplicar las técnicas de un tipo X a las necesidades de una situación Y, sino que también podemos aprender que es necesario adaptarse, aun si creemos no tener ninguna habilidad para traer con nosotros, estando dispuestos a comenzar como principiantes si es requerido.

Esto dará paso a la eliminación de distracciones de manera natural, pero también será necesario continuar auto-reflexionando para alcanzar mejores niveles de concentración.

A su vez, dará paso al reconocimiento de debilidades, que no deben malinterpretarse como una disminución de la confianza en las habilidades que sí tenemos; más bien, nos da una visión objetiva de nuestras capacidades, la cual podemos usar a nuestro favor para evitar el gasto innecesario de energía y para mejorar nuestro rendimiento.

Asimismo, siempre es importante continuar aprendiendo distintas filosofías y conjuntos de técnicas (recordemos el ejemplo del Judo) de las que podamos extraer conocimientos útiles no solo para este tema específico de usar el pasado a nuestro favor, sino también para otras necesidades de nuestro desarrollo personal.

Si quieres acceder al potencial de tu mente, visita la sección de recursos en expande tu mente para que veas los diferentes programas que te pueden ayudar a eliminar creencias limitantes, cambiar hábitos y/o reprogramar tu subconsciente.

Ricardo

Expande tu Mente es un blog creado para compartir contenido, ideas, libros y cursos que pueden ayudar a mejorar tu vida. Vista la sección de recursos para conseguir toda la información que necesitas para empezar.

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