Aprender A Decir Que No y Su Importancia


No es inusual que nos encontremos metidos en una situación en la que aceptamos estar sólo porque no pudimos decir que “no”. Negarse a la proposición o al pedido de favor de alguien es algo que se siente extremadamente incómodo, pero que muchas veces trae más incomodidad aún por haber dicho “sí”.

¿Cómo aprender a decir que no? Aprendiendo a utilizar nuestra asertividad. No se trata de un rasgo de personalidad común, por lo que solemos pensar que sólo se puede ser amable o agresivo. La asertividad es el punto medio, a través del cual podemos decir que no sin remordimientos de conciencia.

¿Por qué debemos aprender a decir que no? No se trata de evitar a toda costa todas las situaciones que nos traiga otra persona y no hacer favores nunca. La importancia de decir que no está en cerciorarnos de siempre estar haciendo lo que queremos hacer sin arrepentimientos y siendo honestos con nosotros mismos.

Antes de entender qué es la asertividad y cómo utilizar, preguntémonos un momento…

¿Por qué es tan difícil decir que no?

A menos que seamos personas naturalmente asertivas o poseamos un cierto nivel de apatía (o simplemente no hayamos desarrollado suficiente todavía la capacidad de la empatía), pasamos ocasiones esporádicas donde simplemente no pudimos decir que no, por más que cada fibra de nuestro cuerpo quería decirlo.

Existen dos factores importantes, ambos provenientes del mismo origen:

  • El tabú social.
  • La insistencia o presión social.

Estos factores vienen de la dimensión social del ser humano y representan un estrato general y un estrato particular, que ejercen presión en cada persona individualmente.

El tabú social, la insistencia o presión social.

En el primer caso, se trata de una manifestación del código de conducta que hemos heredado de la sociedad en la que vivimos.

El tabú social comprende todas aquellas actitudes y palabras que de ser expresadas por una persona, recaería sobre ella un estigma social por haberse desviado del comportamiento adecuado.

Así, estamos educados para decir que sí a muchas proposiciones, muchas de ellas completamente humanas y correctas, como ayudar una persona anciana con sus bolsas, darle tu puesto en el autobús a una mujer embarazada o aportar dinero a una causa noble.

Mientras que también coexisten con otras proposiciones un poco más ambiguas que varían de persona en persona, como cuidarle el puesto a una persona en una fila, ayudar a un compañero de clase durante un examen o aceptarle una bebida alcohólica a un amigo.

El tabú social influye sobre nosotros porque en el caso de negarnos, estaremos cometiendo una falta social, aunque no legal o moral. 

En el segundo caso, se trata del constante esfuerzo que hace otra persona o grupo de personas para envolvernos en hacer algo. Esto es la insistencia, que también podemos definir como presión social o presión del otro.

Este caso se da cuando un amigo ejerce una presión constante, insistente sobre nosotros para que hagamos algo.

Puede ser como en el ejemplo anteriormente dado, al ofrecérsenos una bebida alcohólica, sólo que en este caso no sería algo a lo que accedemos hacer fácilmente y decimos que no al principio, pero el amigo continuaría insistiendo e insistiendo, tal vez ridiculizando y hablando ruidosamente para que otros escuchen.

Al punto que decir que no ya no es una opción. Es una presión social que puede considerarse como un tipo leve de chantaje.

Otro ejemplo podría ser cuando un grupo pequeño de amigos decide hacer algo como ir a acampar o lanzarse de paracaídas desde un helicóptero.

Aun si estas son cosas que van en contra de nuestra voluntad o de nuestras preferencias, la insistencia constante, tal vez llegando a una insistencia que dura días y días, terminando cancelando nuestro derecho a decir que no, y terminamos por aceptar realizar estas actividades en las que no queríamos participar, para bien o para mal.

Esto último es un punto importante que tener en mente antes de introducirnos al concepto de la asertividad.

Tenemos el derecho a decir que no.

Esto quiere decir que no estamos obligados por ningún tipo de fuerza mayor a decirle que sí a todo. Puede sonar como una declaración totalmente obvia, pero resulta ciertamente difícil reorganizar el cableado de nuestra conducta alrededor de esta simple realidad. 

Si creemos que poseemos libre albedrío, voluntad para elegir lo que sea que deseamos elegir, entonces debemos darnos cuenta que nadie está obligándonos por fuerza a tomar una decisión específica en contra de nuestros intereses y de nuestra búsqueda personal de felicidad.

Lo único que podríamos realmente considerar como un reglamento indicando en cuáles ocasiones decir sí o no es nuestro propio compás moral, nuestra propia filosofía de vida, nuestra propia ética personal y nuestras propias creencias, ya sean de índole religiosa o no.

Esto es algo explorado por el autor Walter Riso en su libro El Derecho a Decir No.

El concepto de la Asertividad aprender a para decir No.

La asertividad es la característica de ser seguro de uno mismo y confiado sin ser agresivo.

Se trata de una forma de comportarse definida por declaraciones o afirmaciones sin necesidad de prueba, lo cual a su vez afirma los derechos o punto de vista de la persona sin necesidad de amenazar los derechos de otros en un acto de dominancia, ni siendo sumiso y dejando que otra persona ignore o descalifique sus puntos de vista.

El ser asertivo es considerado una habilidad increíblemente útil que se debe cultivar desde la niñez, aunque no sea enseñada en la escuela. Para ello, la psicoterapia puede ayudarnos a aprenderla y desarrollarla.

Se puede ver como un método de pensamiento crítico donde la persona habla en favor de su perspectiva y opiniones, o en contra de algo con lo que no esté de acuerdo. Es una posición que busca pensar de forma creativa y comunicarse con eficacia.

A la hora de hacérsele una proposición, la persona asertiva no tiene ningún problema con decir que no, pues su confianza en sí mismo y su honestidad le dan un soporte en contra de todo tipo de insistencia o preocupación por el qué dirán.

Ejercicios para desarrollar la asertividad han sido propuestos desde los años 50, por el psiquiatra sudafricano Joseph Wolpe, y luego por el psicólogo Andrew Salter. Se buscaba no junar la asertividad con la ansiedad, pues con la segunda no se puede dar la primera. 

Así, lo que se trabaja en el entrenamiento son una conciencia incrementada sobre nuestros derechos personales, una diferenciación entre la asertividad y la no-asertividad, una diferenciación entre ser pasivo-agresivo y la agresividad, y aprender habilidades asertivas tanto verbales como no-verbales.

Asertividad como estrategia de comunicación.

La asertividad como un estilo y una estrategia de comunicación se distingue de los dos polos entre los que se posiciona:

  • La agresividad.
  • La pasividad.

Para entender estos conceptos se debe estudiar cómo las personas lidian con los límites personales, tanto los suyos como los de otras personas. 

Los comunicadores pasivos no defienden sus límites personales y por ende permiten que personas agresivas los manipulen a través del miedo, mientras que los comunicadores agresivos no respetan los límites personales de los otros y por lo tanto suelen lastimar a otros en el proceso en que intentan tener una influencia sobre ellos. 

A partir de esto, vemos que el comunicarse asertivamente implica un respeto tanto por los límites personales de otros como los de uno mismo, teniéndose así auto-respeto y protegiendo su auto-estima.

La comunicación asertiva de las opiniones, necesidades y límites personales es una especie de punto medio entre la pasividad inefectiva y las respuestas agresivas.

Una persona asertiva expresa con convicción la razón por la cual no desea hacer algo, o simplemente defiende su derecho a decir no sin más preámbulos o explicaciones que no crea necesarias, prefiriendo mantenerlas en privado y exigiendo respeto a su privacidad.

Esto se debe realizar con convicción pero de una forma que no termine siendo agresiva o dominante.

Técnicas y aplicaciones de la Asertividad y aprender a decir NO.

Entre las técnicas para ser asertivos podemos encontrar la técnica del disco rayado, que consiste en repetir tu respuesta cada vez que alguien intente insistirte con algo.

Como un disco rayado por el uso constante, la clave de la técnica es la repetición en los casos donde la persona insistente no acepte tu “no” como respuesta.

Algunas otras técnicas se pueden aplicar en discusiones donde decides encontrar algo en lo que estar de acuerdo con la otra persona, para así encontrar una zona donde puedan compartir ideas y llegar a una solución mutua.

Otra técnica muy simple es la de pedir cada vez más información y explicación a una persona que insiste sobre su argumento o proposición. 

También podemos utilizar la técnica de las declaraciones personales, donde cada vez que emitamos una opinión nos aseguramos de que venga desde nuestra posición personal, reservándonos la posibilidad de expresar un juicio sobre otra persona o de culpar a otro por los sentimientos que tenemos.

De esta forma la otra persona no se sentirá antagonizada y podrá ceder más fácilmente el paso.

Por otro lado, ha habido estudios investigativos que han identificado al entrenamiento asertivo como una herramienta útil en la prevención de adicciones alcohólicas, donde el derecho y la convicción para negarse, para decir que no, son absolutamente necesarias si se quieren evadir. 

De esta manera la asertividad junto con otras habilidades psicológicas y sociales se han usado como métodos de intervención para una variedad de trastornos similares.

Dentro de otras investigaciones referentes a la teoría de géneros, se ha propuesto que los hombres y mujeres pueden beneficiarse de aprender la asertividad del otro género, aprendiendo los hombres así a tener una asertividad sensible y las mujeres aprendiendo a tener una asertividad balanceada.

En términos amplios, debemos entender que para decir que no debemos estar conscientes de nuestros derechos, y deshacernos la posible noción de que negarnos a algo traerá consecuencias terribles, cuando la realidad no puede ser más alejada de eso. 

Además, debemos tomar en cuenta qué características definen a una persona asertiva capaz de decir no.

Entre ellas, la capacidad de expresar nuestros sentimientos, pensamientos y deseos, y el control de la ira y la agresión. Ser asertivo, debemos recordar, no es ni agresión ni pasividad ni sumisión, sino un respeto por nosotros mismos y por nuestra personalidad.

Continua leyendo 100 frases sobre aprender a decir que NO.

Ricardo

Estudiante de los 67 pasos del éxito y los 12 principios de Tai Lopez. Expande tu Mente es un blog creado para compartir ideas, libros y recursos que pueden ayudar a mejorar tu vida.

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