¿Cómo Hablar con Uno Mismo? Importancia y Beneficios


Cuando estamos acostumbrados a estar rodeados de gente todo el tiempo, tendemos a sentirnos aburridos y melancólicos estando solos. Lo que ignoramos es que la soledad es un momento ideal para entablar una conversación con nosotros mismos que puede ser mucho más vigorizante de lo que suponemos.

¿Cómo puede uno hablarse a sí mismo? La verdad es que es tan fácil como tener una conversación profunda con un amigo al que le tenemos mucha confianza. Por supuesto, esto toma tiempo, y ayudará mucho conocer algunos principios sobre el arte de estar solo con uno mismo.

Hay fuentes inagotables de las que tomar para aprender la importancia y las bases para tener una conversación productiva y refrescante con uno mismo. Desde el budismo a la filosofía y la psicología, existen abundantes conceptos que hacen referencia a ello.

Pero, ¿de qué nos ayuda hablar con nosotros mismos, realmente? Si elegimos ser honestos con nosotros mismos, encontraremos una oportunidad de despejar nuestra mente, expresarnos sin miedo a ser juzgados y aprenderemos a disfrutar de la soledad, que a muchos les aburre.

¿Cómo hablar con uno mismo? El poder de la introspección.

Antes de dar el primer paso en el hábito de conversar con nuestro yo, conviene definir la palabra introspección.

La introspección se encapsula en lo que Platón una vez se preguntó: ¿Por qué no revisamos con calma y paciencia nuestros propios pensamientos, examinando con cuidado para vernos realmente?

No se trata de observar lo que nos rodea, sea naturaleza o sean personas. Se trata de aplicar está misma observación hacia dentro, hacia nosotros mismos, y específicamente hablando, a nuestros pensamientos.

Así, tenemos a la introspección como una capacidad en cada quien para examinar sus propios pensamientos conscientes y sus propios sentimientos.

Llamémoslo mente o alma, la examinación es igual y ciertamente simple, una vez lo intentamos. En cierto sentido podríamos hacerlo como si estuviéramos examinando a otra persona, solo que ese otro eres tú.

La herramienta más adecuada para está práctica, que puede a veces sonar paradójica, es la conversación. Algunos podrían sentir que hablar con uno mismo es cosa de locos, pero, ¿no es eso lo que ocurre en los soliloquios de obras de teatro? ¿No es conversar con uno mismo, examinando una situación y unos sentimientos dados, lo que define un monólogo?

En el contexto de una obra de teatro o de un libro escrito en primera persona, un personaje conversando consigo mismo o narrando sus propios pensamientos continuamente no es visto como algo extraño. 

Lo aceptamos completamente mediante una cierta suspensión de la incredulidad, pero hay una razón por la cual no resulta extraño ver a Hamlet hablando sin preocupaciones de qué-decires con una calavera, lo cual se ha convertido en una iconografía reconocible para cualquier cultura humana moderna.

Aceptamos lo que vemos en estos contextos porque nuestra mente detecta algo familiar. El mayor propósito de un drama o ficción es entablar empatía con la audiencia y ocasionar catarsis a través de los sucesos de la obra.

Las emociones sentidas por los personajes son reflejadas y sentidas por las personas que en el mundo real observamos el desenlace de eventos.

Cuando vemos un personaje que realiza introspección y comienza toda una exposición larga de sus pensamientos, ideas y sentimientos, no cuestionamos tal conducta. La entendemos, incluso si nunca hemos hecho algo parecido.

Inconscientemente nos hemos encontrado a nosotros mismos a solas, sin nada que hacer, esperando a alguien, y sin saberlo, conducimos nuestro propio soliloquio, tal vez más largo de lo que creemos, sobre muchas cosas.

En general, solemos repasar todo un suceso de acontecimientos que hemos vivido en el día, o nos acordamos de algo en específico y comenzamos a analizarlo dentro de nuestra propia mente.

La cuestión importante es aprender a iniciar y dirigir está introspección que está ya disponible para ser usada en nuestras mentes.

Además, la introspección no solo nos ayuda a dilucidar nuestros pensamientos y a hacerlos más claros para nosotros mismos, sino que además nos ayuda a entender la naturaleza de las cosas, a desarrollar habilidades deductivas, desarrollar percepción, y entender la causa y efecto de una situación.

La tradición de la auto-reflexión para hablar con uno mismo.

Desde la antigüedad, la capacidad que tenemos los humanos para realizar introspección se extiende hasta hace más de tres mil años. En la Antigua Grecia existió la inscripción “Conócete a ti mismo” en el templo del dios Apolo, frase que encontramos muy similar hoy en día a la introspección y auto-reflexión.

Es muy curioso, que no nos conozcamos a nosotros mismos automáticamente, como un proceso que sucede en segundo plano, como una descarga que realizamos en la computadora mientras hacemos otras cosas.

La verdad es que tenemos que repasar la información que nosotros mismos contenemos para poder conocerla. No la conocemos inmediatamente como si fuéramos autómatas. 

Nuestra condición humana implica que nos esforcemos en ello y que, irónicamente, nos preguntemos a nosotros mismos cómo nos sentimos para poder conocer estos sentimientos genuinamente.

De la misma forma en que preguntamos a un amigo cómo se siente o qué piensa, así debemos preguntarnos a nosotros mismos para poder saberlo. Y así se trata de un proceso incluso más transparente, pues tomamos la decisión consciente de ser honestos, no hay nadie que pueda juzgarnos, ni positiva, ni negativamente.

A través de la meditación se ha llegado a la introspección desde tiempos remotos, describiéndose como un vistazo que le damos a nuestras mentes para luego reportar aquello que hemos descubierto. 

Es relevante mencionar nuevamente la obra Hamlet de William Shakespeare, que durante el Renacimiento ofreció distintas manifestaciones verbales poéticas acerca de la naturaleza humana, producto de la propia observación que realizó el autor no sólo para con él, sino también para con la humanidad entera.

En ella, el personaje homónimo expresa cómo el humano es “una obra” y el “dechado de los animales”.

Con el ejemplo teatral de Shakespeare no sólo podemos analizar y apreciar los monólogos de Hamlet, un ficticio hombre romántico y poeta en el corazón que sufría por la melancolía de su melodrama, y que nos permitía ver y experimentar vicariamente su propia introspección, mayormente a través de lamentos. 

Pues no era sólo los pensamientos e ideas de Hamlet los que apreciábamos, si no también aquellos del propio dramaturgo inglés Shakespeare, quien a través de su arte conseguía una oportunidad de conversar consigo mismo de una manera creativa, pues conversaba con sus personajes, y estos personajes, como productos de su capacidad artística y basados en sus observaciones perspicaces del mundo que lo rodeaba, hablaban entre ellos.

Conviene recordar con este ejemplo que muchos escritores de ficción, entre ellos el galardonado novelista colombiano Gabriel García Márquez, han afirmado que a la hora de escribir, no son exactamente ellos quienes conscientemente toman las decisiones, sino que la propia historia y los propios personajes cobran vida en el proceso, y el escritor se convierte en un medio por el cual la historía, se da a contar.

Podemos ver este fenómeno de la creatividad humana como un proceso, que el escritor plasma sus pensamientos y sus percepciones del mundo, y a medida que esto va ocurriendo, se da una conversación entre el autor y la obra que escribe.

En otras palabras, el autor conversa consigo mismo.

Podría entonces decirse que por ello es que los libros suelen ser tan analizados una y otra vez a través de las generaciones por todo tipo de psicólogos, críticos literarios, filósofos, lingüistas, etc., que encuentran en la obra del autor una fuente inagotable, de cuáles eran sus pensamientos y sus concepciones del universo y la realidad.

También podemos ver elocuentes expresiones en el campo de la filosofía con la famosísima frase del francés René Descartes, cuando pronuncia su “Pienso, luego existó”, como una auto-reflexión sobre la capacidad de razonamiento característica en los humanos que incluía por supuesto la reflexión individual. 

El filósofo Immanuel Kant, por otro lado, declaró: “El hombre se distingue de los animales por su auto-consciencia, debido a la cual es un ‘animal racional’”, una vez más haciéndonos ver que la introspección no es solo una herramienta del ser humano, sino también una herramienta única en él, por lo que utilizarla le beneficia y lo ayuda a perfeccionarse.

Un estudio realizado por Cara Rosaen y Rita Benn analizó estudiantes de primaria que no habían realizado una meditación previa a un estudio. Las investigadoras descubrieron que las personas jóvenes que meditan por primera vez experimentaron una mejoría en habilidades indicativas de la inteligencia emocional como lo son el auto-control, la auto-reflexión y la flexibilidad emocional.

Con este estudio podemos ver los efectos inmediatos y positivos de la meditación, que nos puede servir para realizar a su vez una excelente introspección.

Importancia y beneficios ¿Qué aprendemos al hablar con nosotros mismos?

Para concluir, una de las formas más simples de resumir los beneficios de conversar con nosotros mismos es que abre y expande nuestro mundo interno.

En psicología, se hace referencia a esto con el término “mindedness”.

Es la capacidad de una persona para:

  • Auto-examinarse.
  • Reflexionar.
  • Realizar introspección.

A través de ello podemos reconocer el porqué de nuestras palabras y acciones, apreciar nuestras propias emociones, reconocer cómo nuestro pasado influye en nuestro presente.

Cabe destacar que hablar con nosotros mismos y adquirir esta mindedness puede realizarse de la manera que le sea más cómoda a cada uno.

No solamente tenemos la disponibilidad de hablar oralmente con nosotros mismos a solas, como en el ejemplo del soliloquio en el teatro, sino que también podemos utilizar el método del diario, registrando nuestras experiencias a través de la escritura.

Con un diario tenemos una ventaja extra, pues podemos leer con detenimiento lo que plasmamos en la hoja y evaluar con mucha más claridad lo que pensamos, sentimos y hacemos.

Derivar enseñanzas a través de leer nuestra propia redacción es sorprendentemente fácil y altamente beneficioso.

Además, el conversar con nosotros mismos no solo nos ayuda a conocernos mejor, sino que poco a poco, paralelamente a este incremento del auto-conocimiento, también incrementa nuestra capacidad para entender a los otros. 

Esto nos lleva entonces al desarrollo ulterior de la empatía, que ya de por sí tenemos desarrollada desde la adolescencia, pero que puede ser mejorada, consiguiendo mayor respuesta emocional, y siendo un elemento pertinente para el mutuo entendimiento entre personas.

De esta manera podemos concluir que el hablar con nosotros mismos no solo nos ayuda a conocernos con una profundidad inimaginable y a mejorar como personas, sino que además nos ayuda a entender a nuestros familiares y amigos, y a desarrollar una consciencia ética a través de la empatía, meditación, auto-reflexión e introspección.

Hablar con uno mismo es la característica que todos los grandes pensadores comparten.

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Ricardo

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